martes, 25 de junio de 2013

Independizarse

Si ya os he hablado alguna vez de cómo disfrutar por Alemania viajando en solitario e incluso os he chivado algunos trucos para no acabar odiando Inglaterra en tu primera visita... hoy quiero hablaros de algo fundamental, la independencia.

Para empezar, hace falta que tu situación familiar sea lo más curiosa y rara posible. Eso es buena o mala suerte, pero es suerte. Ahora sólo necesitamos un trabajo... que decirlo en España suena a coña, pero bueno. Aquí cada cual que se busque lo suyo y lo que le guste, que las oficinas están llenas de personas amargadas, no seamos otra más. Aunque hablar de dinero siempre esté feo, vivir conlleva unos gastos que empiezas a asumir cuando dejas de pedir la paga a tu madre y pasas a ir al banco a actualizar la libreta y que te ofrezcan con una sonrisa de "ya se la colamos a tu madre con las preferentes y ahora vamos a por ti" una magnífica oferta que rechazas con la mejor de tus caras.

Bien, vamos a las labores básicas... ¿A qué cojones dedico yo mi tiempo libre? ... Pues aun no lo he descubierto. Tendrás los ratos "de madre", aquellos en los que no tienes absolutamente nada que hacer y donde observas que la cortina tiene una mancha, donde crees que hay que pasar el aspirador o cuando te paras a pensar en si es necesario hacer la compra de nuevo para evitar ir el sábado a última hora al Mercadona esperando que el señor Hacendado no te cierre el supermercado y te deje sin su magnífico surtido de productos de extraña procedencia pero que oye, están buenos.

Pues ya tenemos una alfombra sin polvo, una cortina limpia y la nevera excesivamente llena de cosas que sabes que te van a caducar, porque lo sabes, lo miras y te das cuenta, "Eso no me gusta"... y es que la comida de doña jodida (mi madre) se echará en falta. Tendrás que hacerte a la idea de que aquella tortilla de patata que ella te ponía con todo su amor y que sabía a gloria, será un desecho de huevo con patatas que sabrá malamente y cuyo aspecto no invita a dar un mordisco, pero bueno, ya veréis que en uno o dos años cocináis como auténticos maestros de la supervivencia, y nos reíamos del Último Superviviente cuando se bebía su meado por tener propiedades de...

Otra cosa a tener en cuenta es que NO somos Macaulay Culkin, excepto si el que está leyendo esto es realmente Macaulay, en ese caso, hola. No nos van a pasar cosas muy entretenidas, no van a venir ladrones, asúmelo, y si te roban no creo que te vaya a gustar... eso sí, podréis hacer cualquier cosa en el baño con la puerta abierta, que eso pues... tiene su gracia. Lo de traer a gente a cenar a casa será algo relativamente habitual, la soledad hay que combatirla con los amigos, pero ojo, cuidado que al final vuestra casa puede parecer un bar (cosa que tampoco va a ser mala del todo).

¿Soledad? Es algo mental, uno está solo en el momento en el que no tiene a nadie, mientras exista una persona con la que compartir un rato... cierto es que cuando llegas y cierras la puerta estás tú solo, sin nadie, que al principio estás con la mirada perdida, llena de vicio y pensando "Joder, solo, que grande" pero ya te tocará el bajón de "Joder, solo, que mierda". Esto se pasa, pero vamos, la soledad siempre se llevará mejor con una cerveza fría o en su defecto, con aquel envase de Horchata que compraste al señor Hacendado pensando que estaría buena, pero que sin embargo, a cada trago que das, te lleva de viaje al país de la amargura y las caras de asco.

Disfrutad de vuestro tiempo en soledad pero no os hagáis a él, pero jamás os adaptéis. La libertad es algo que engancha, pero si no tienes a nadie con quién compartirla, te sabrá a horchata Hacendado, y creerme, no sabe bien.

miércoles, 29 de mayo de 2013

Las palabras duelen


Muchas veces creemos que nuestras palabras no hacen daño, que son solo letras que unimos en nuestra cabeza y que lanzan nuestra garganta. Esto es mentira, una mala palabra puede doler más que cualquier puñetazo, pero parece que no nos queramos enterar. Quizá cuando crecemos entendemos que hay que tener más empatía con las personas, que no obtenemos nada haciendo daño por mucho daño que nos hayan provocado a nosotros. El problema sin embargo es muy grave cuando somos niños, ¿hasta dónde llegan a doler las palabras cuando vives la edad de las inseguridades y los miedos?

Esto lo he vivido, y lo viví en el lado del malo. Las burlas y los insultos los recibía cualquier otra persona. Una persona que en el fondo no tenía culpa de ser así, de ser diferente, simplemente no era como el resto, y como suele pasar, el resto terminó por absorberla. Presión e insultos,  no te hará falta ni levantar la mano, esa persona se verá hundida en una miseria que cuatro gilipollas le han provocado. Lo veo ahora y me siento avergonzado de lo que en su día llegué a hacer por “diversión”. Cuando leo a gente que ha sufrido estos actos siento por dentro como me muero del asco, ves a gente que ha padecido risas y burlas por querer ser ellos mismos y piensas que hasta qué punto tienes tú la culpa de que ellos no hayan sido felices.

No quiero personalizar pero, ¿Os habéis dado cuenta de lo que pueden doler un par de palabras? Cualquier defecto físico puede ser descrito de la manera más burra y cruel que puedas imaginar, cualquier pensamiento diferente puede ser castigado con el mismo método… las palabras son palabras, pero si las disparas se convierten en balas, con malas intenciones. En este caso esto es denominado como maltrato psicológico, pero no te paras a pensar lo que haces.

No sé tan siquiera como escribir esto sin que se me caiga la cara de vergüenza, antes ni pensaba que podía hacer daño a alguien, y si lo pensaba me seguía acostando con la conciencia tranquila. Hoy, cada vez que veo o me entero de un caso de acoso, por leve que sea, se me cae el alma a los pies. ¿Qué hacemos mal para que un niño se vea con derecho de ridiculizar a otro por no ser como él? ¿En qué momento se permite que un imbécil tenga derecho a reírse de otra persona? Nadie es más que nadie, deberíamos aprenderlo nosotros para que los niños, las personas más manipulables de este mundo, jamás se vean afectados por esta clase de gentuza, que puedan ser ellos mismos sin miedo a presiones ni insultos.

No vamos a cambiar el mundo, puede que ni tan siquiera a nosotros mismos pero, ¿Qué pasaría si todo el mundo fuera de libre de ser como quiera ser sin que nadie se ría de él? ¿Si cada uno pudiera vivir su vida con total libertad? Aprendamos a respetar nosotros para que en un futuro, evitemos problemas, problemas que en su día yo generé. No permitamos que nadie más pierda su sonrisa por cuatro palabras, no confundamos una riña de niños con algo más serio. Esto puede empezar como un juego, pero acaba destrozando a demasiadas personas, personas inocentes.

Quisiera pedir perdón por mi parte y por la de tantos otros que sentirán lo mismo que yo, pero es algo inútil. El perdón es otra palabra más, pero de nada vale si no se siente. Yo sigo siendo la misma persona que se reía de otros, me arrepiento, pero duermo igual, no creo que mi perdón sea todo lo sincero que debe ser. Ahorrémonos la hipocresía, seamos sinceros, tengamos respeto, dejemos ser feliz al resto.

Los niños

Gritan, lloran, corren sin control, vuelven a gritar, son caprichosos, siguen gritando, van sin control, te dejan el pastel donde les apetece, se mean, vuelven a gritar, más caprichosos, vuelven a llorar... ¿Por qué entonces nos caen tan bien?

Pesadillas como aquella en la que una mujer llama a tu puerta con un niño de 1 año que se parece a ti hemos tenido todos, en las que te despiertas con cara de Macaulay Culkin en "Solo en Casa"... pero algún día nos tendremos que hacer a la idea de que uno de esos pequeños diablos con malas ideas y cara de "me voy a cagar aquí mismo, prepárate" serán nuestros hijos, se llamarán como nuestras mujeres digan nos guste y llevarán nuestra sangre. Anda que no me hace ilusión a mi tener a Jordan Jr. correteando por el pasillo de casa con un correpasillos como el que tuvo su padre de niño, con aquel que se estampó por las escaleras.

Esas caras de felicidad, de que todo se la sopla. ¿Qué se quieren mear? Lo hacen encima, ¿Qué quieren hacer algo? Pues se te vuelven a mear encima, pero ahí están, olé ellos, tan felices mirando a un juguete como si de la champions se tratara. Pese a que los que me conocen saben que me dan hasta miedo, lo cierto es que no hay nada más majo que un crío con malas ideas en la cabeza.

Todos lo hemos sido, todos nos hemos meado en el ascensor con cara de pillos mientras nuestra madre se cagaba en tus infiernos para sí misma, mientras te decía "Ay Daniel..." (espero que a todos os haya pasado esto, no me jodáis), hemos ido vestidos de las formas más... raras posibles gracias a nuestros padres, hemos sido tratados como monos por nuestras abuelas y sus amigas, que nos tiraban de los papos, del pelo, del brazo... para ver si eramos reales... y estamos vivos. Quiero decir, no deberíamos tener miedo a los críos, son como nosotros, solo que más felices.

Por lo tanto, hombres del mundo, aunque ahora mismo los niños nos parezcan una máquina de cagar / llorar / mear / gritar / pedir / llorar otra vez no os preocupéis, que nosotros también lo fuimos y hemos llegado a ser grandes cosas, o al menos a no mearnos encima cada 2 horas. Además, esto de "oh sí, a mi me encantan los niños" para traginarnos a la mítica profe de magisterio ya no cuela, El código de los hombres es así de simple, no nos gustan pero no los odiamos, los vemos como algo lejano, algo que querremos tener pero desde luego no ahora. Un consejo, mejor decir "que ojos más bonitos tienes" a "me encantan los niños".

Pd: Mujeres del mundo, a mi me encantan los niños.

miércoles, 22 de mayo de 2013

Mal ajeno, consuelo de tontos

En el colegio, cuando alguien traía algo que era "muy chulo" automáticamente otra persona decía "Pues lo mío es mejor". Mientras decía eso, seguramente estaría pensando "a ver si se le rompe o lo pierde". Es normal, son niños, no pasa nada. El problema es cuando crecemos y esto no cambia, pues esto es lo que nos pasa a todos los españoles, que parece, nunca vamos a crecer.

Deseamos demasiado el mal ajeno, ¿Si alguien trabaja? deseamos que lo despidan, en lugar de buscar nosotros algo. ¿Alguien liga? deseamos que su novia lo abandone, en lugar de buscarnos nosotros una. Lo entiendo, aunque ahora me alegre mucho cuando un conocido encuentra o mantiene su trabajo, sí que es cierto que si me gusta una chica y tiene novio, le pongo velas hasta a Alex Ferguson para que rompan. Eso de "yo quiero que seas feliz" es un tópico, ¿Quieres que sea feliz si no está contigo? Vamos hombre, yo quiero que gane yo, ¿Es que tiene gracia fracasar? Ninguna, pero aprendemos.

No nos gusta que alguien triunfe, ni siquiera la gente que dice ser tu amiga. Están esperando a que caigas, mientras te dicen "joder, como me alegro" se frotan como un perro salido contra tu pierna, esperando el momento para pelársela en casa, en pie, dando gritos, encima del sofá, con ganas ... (quizá me haya pasado, pero hoy no quería ser serio, ¿Os imagináis a alguien haciendolo así?) celebrando que has fracasado.

Y ya está, y no hay más. Somos tan simples como esto. En lugar de buscar el éxito propio, deseamos el fracaso ajeno. Esto pasa en el trabajo, en el amor, en el fútbol... en todo. Aunque os seré sincero, yo no deseo el mal a nadie a nivel laboral por ejemplo, es más, ojalá todo el mundo pudiera vivir bien, pero lo que es en el amor o en el fútbol... a más de una le debería de dejar su novio para venir a mis brazos, y a más de uno le deseo que ganen la décima cuando mis nietos tengan pelo en el pecho.


martes, 21 de mayo de 2013

La dignidad del deportista

Ahora se ha puesto de moda un video, donde una aficionada enfadada con el mundo cuando el Atlético de Madrid ha ganado una copa del rey, decide insultar al Cata Diaz así, porque le gusta, porque a la chavala le ha salido hacerlo, es rebelde. Ella, muy perspicaz, se percata de que al Cata no le ha gustado que le insulten, ¡Qué sorpresa! ¿Será la tierra redonda? ¿Serán los macarrones pasta? y en un alarde de mala persona, el Cata acude donde ella para recriminarla que le haya insultado, ¡Qué verguenza Cata!.

Así todo, se conoce que a un deportista le podemos faltar al respeto sin que él nos pueda decir nada. Igual que si vamos por la calle y decidimos insultar a la primera persona que veamos, pues correremos el riesgo de comernos una señora hostia. Parece ser que la niña (aunque se hace llamar periodista y nos dice, cambiará ella solita el mundo del periodismo) debió de pensar que su posición de aficionada le daba derecho a insultar a un jugador que ha ganado algo para su equipo y en ningún caso esperaba la reacción de su jugador así, ¿Quién se iba a esperar que alguien responda a un insulto? Este es un país libre y tenemos derecho a insultar, claro que sí.

Como aquel boxeador al que se le califica como tonto, por el simple acto de boxear. "¿Eres boxeador? Joder, pues no pareces tonto". Por supuesto, un boxeador no sabe hablar, escribir ni tan siquiera, ni te mira cuando te habla, es de esos que votó al PP y creía a Aznar con las armas de destrucción masiva. En realidad, no son ellos los tontos, somos nosotros los gilipollas.

¿Podemos permitirnos el lujo de faltar el respeto a un deportista por cobrar más que nosotros? ¿Os parecería normal que él vaya donde vuestros padres y le diga que su hija es gilipollas? Es una falta de respeto, pues creo que, y no me lo han enseñado en una carrera, lo mismo pasa si lo hacemos al revés. Por muy mal que pueda jugar ese profesional, no tenemos ningún derecho a juzgarle como persona, si acaso como deportista, pero plantearos una cuestión, ¿Habéis llegado vosotros a su lugar? No.

No quiero centrarme en el video del Cata, puesto que hay mucha más gente que insulta, pero están acostumbrados a que nadie les recuerde que eso está mal. Siento profundamente que un profesional se vea envuelto en una polémica así por culpa de una maleducada que pensó por un momento, el mundo era suyo, el poder de faltar a la dignidad, también.


domingo, 19 de mayo de 2013

Amor verdadero

Lo recordaré siempre. Un 13 de mayo de 2012. Aquel al que considero uno de los amores de mi vida me citó en la capital un domingo a las 20:00 de la tarde. Tenía que coger un tren y asumir, dormiría una noche al raso ya que no tuve tiempo ni de reservar un triste hostal para esperar a que mi tren de vuelta me devolviera a mi casa.

Calor y calor, y yo dando vueltas por Madrid esperando a que llegara la hora. Hay que reconocer que sentía un cosquilleo raro en mi estómago. No eran simplemente nervios, los tenía, me recorría un nosequé que me transmitía ilusión. Esa mañana todo me parecía más bonito, la gente más sonriente, las calles más alegres, el cielo más azul... vaya, lo que se supone sientes cuando estás enamorado.

En aquel momento no sabía que me depararía mi amor. Quizá esa noche llorase de alegría, o quizá no, y me viera sentado en la estación con la cara de una persona engañada que se ve destrozada, pero sigue amando. Aguardé el momento como pude, sabía que esto del amor era un arma de doble filo, que todo lo que te puede dar en un momento, de golpe te lo puede arrebatar para dejarte con nada y menos.

Llegué al lugar donde habíamos quedado y os prometo, jamás estuve más nervioso. Sentía que ése era mi momento, pero no podía hacer nada más, hice todo lo posible, coño... que me levanté a las 4 y media de la mañana por estar en ese lugar, en esa ciudad, a esa hora. 

A partir de ahí, todo lo que vino después me hizo sufrir, y cuando lo daba todo por perdido y me veía volviendo a casa con esa cara de tonto que os comentaba, pasó lo que tanto tiempo soñaba mi cabeza... y no os engaño, lloré, como un imbécil, el imbécil más feliz del mundo. Ahí lo entendía, lo mío era amor, amor verdadero.

Si lo véis así parece una historia de amor bastante bonita en la que voy a Madrid para ver a esa chica a la que tanto amaba y que parecía, no me correspondía. Esta chica me correspondió en el último momento. Para ser sincero con vosotros, no hablo de una chica, tampoco de un chico. Hablo de algo más, que supera a las personas, es un sentimiento, una bandera, una pasión... es mi amor. 

No fui a ver a ninguna persona, llegué a Madrid para ver como el amor de mi vida, mi Rayo Vallecano, se jugaba su vida. Si perdía descendía, y desaparecería, si ganaba, la gloria, la permanencia. Esa noche conocí el amor de verdad, aquel que te obliga a hacer locuras. Será maravilloso vivirlo así con una persona, espero que sea eterno, como lo que siento por mis colores, mi franja roja no va solo en mi camiseta, va en mi corazón.

El fútbol es más humano de lo que pensamos, y el amor no es sólo para las personas como siempre creemos, el amor se siente.


Cada vez que lo veo, no puedo evitar que caiga una lagrimilla. Parece una tontería, pero me emociona casi tanto como aquella tarde noche en la que tan feliz fui. La felicidad se encuentra en muchas cosas de la vida, y esta es una de ellas.


jueves, 16 de mayo de 2013

Empezar de cero

Pocas veces he hablado tan enserio como lo haré ahora. En realidad, si ya me conocéis, pocas veces he hablado enserio. Todo esto que os voy a contar es algo que me quemaba por dentro en su día, es mi caso como otros tantos que habrá en el mundo y seguramente de alguna persona que lea este blog también habrá vivido y le recomiendo, lo suelte hacia arriba.

Para empezar de cero hay que asumir que todos nuestros errores no se borran ni se destruyen... se vienen con nosotros en el camino que decidamos tomar, pero de otra forma, esta vez no serán errores, serán lecciones. 

Los problemas que podemos atravesar cuando somos niños son aquellos que nos pueden dejar huella para siempre, es más, lo harán. Además, hay que asumir que cada persona es un mundo completamente diferente, y para algunos es más fácil encajar una hostia que para otros, por eso hay gente que decide tirar pa'lante y otros que se dejan perder por creer que la vida les ha dado la espalda. Cuando somos tan jóvenes pensamos que la vida nos da la espalda, y ese es nuestro gran error. La vida no da la espalda a nadie, ni la suerte ni la mala suerte existen, no podemos buscar explicaciones para problemas que no tienen solución, lo que pasó, pasó. 

Con esa lección bien clara, podremos seguir. Nuestros problemas podrán venir de manera ajena o propia, y por lo que he comprendido, son los ajenos los que más frustración nos provocan. Uno está tan tranquilo en su clase, sin hacer nada, con 9 años y la única preocupación de que suene el timbre para ir al patio a jugar al fútbol cuando viene su tío a buscarle, y no tu padre. Te lleva a su casa a comer y te dice que tu padre no podrá ir, que está trabajando. 3 días sin verle y me dicen que ha tenido un accidente y está en coma, ¿Qué voy a saber yo de eso con esos años? Pues eso, sudé del tema, sólo sabía que a las noches ya no me traía un VHS con algún combate ni podíamos ver las motos. 

Ese es un ejemplo de un problema AJENO, en el cual tú no puedes hacer nada de nada. Tuve la gran suerte, dentro de lo que hay, de poder vivirlo tan niño, cuando no te enteras de nada. Por desgracia para mi me fui haciendo a la idea de lo que había cuando me dejaban bajar a visitar a mi padre hasta el hospital. Poco a poco fui entendiendo, a mi ritmo, de que las cosas en mi mundo no iban tan bien como la edad me hacía creer. 

Dando un salto en el tiempo, el accidente convirtió a mi padre en una persona diferente. Aquel hombre que iba cada día a trabajar con humor se perdió. Lesiones de por vida, no poder volver a andar en moto, sentirse inútil... todo eso cambia a una persona, y si es el cabeza de familia, cambiará a los suyos. Se me hace duro contar estas cosas pero creerme, una vez las asumes, TODO sale mejor. Digamos que yo di por perdido a mi padre teniendo 12 tristes años.

A partir de ahí hasta hoy pasaron muchas cosas. Mi padre se fue a vivir a Andalucia, donde de verdad yo le veía feliz. Pensándolo friamente, me hubiera gustado estar más a su lado en ese último año pese a hablar cada día, pero me queda el orgullo de decir que aunque mi padre falleció, lo hizo feliz, volvió a sonreir tras ocho años de recuperación y una lucha que él decía, jamás desearía a nadie. Mi madre sufrió demasiado con esto, ves como el hombre con el que has estado toda tu vida se pierde y tu hijo pasa de ser un chaval simplón a ser gilipollas, ¿Qué ayuda le iba a pedir yo a mi madre, si era ella la que más la necesitaba?.

En fin, de esto hace 3 años ya. En 3 años he pasado de ser un imbécil a ser una persona más. Quizá muchos no notéis la diferencia, ya que todos sois una persona normal más, pero para los que venimos de nadar tanto tiempo en la mierda, lo vemos como un logro por el que sentirnos orgullosos para siempre.

A esto quería llegar, empezar de cero para mi es esto. Contar todo lo que en su día me convirtió en una persona a la que odié. No he cambiado mi persona, he cambiado mi actitud, me miro al espejo y me siento orgulloso de lo que soy, tengo muchos defectos, pero si puedo presumir de una virtud creo que sin duda es la de ser una persona optimista y que siempre tiene ganas de afrontar lo que venga, sea bueno o malo. 

Las secuelas las llevaré para siempre, yo nunca pude vivir en una familia normal, y eso se nota en ciertos aspectos. Me siento orgulloso de poder contaros esto, y más siendo yo una persona que prefiere barrer su mierda para dentro y a veces ni eso, pero quiero agradecer de corazón a todos esos amigos que estuvieron conmigo aquella tarde, que me han acompañado cuando todo iba mal, y los que me han apoyado cuando quise cambiar. La familia nos viene al nacer, pero los amigos son los que nosotros queremos, y son ellos los que estarán cuando estemos mal. Espero que ellos sepan que cuando suceda algo malo, tendrán en mi al mismo amigo que yo tuve en ellos, y que aunque no lo sepan, tanto ayudaron.

Resumen, por si acaso... : Todos tenemos una segunda oportunidad en la vida por muy mal que nos haya ido antes, todos merecemos ser felices, pero si no lo intentáis, no lograréis nada, puesto que nadie os lo dará.