lunes, 21 de abril de 2014

Deberías ser malote

Seguramente a lo largo del día de hoy te habrás puesto a escuchar música. Estarás empezando mal si no pusiste una canción con más volumen que sentido, donde digan tres veces la palabra "puta" (fundamental, no pretendemos ser un malote de mirada limpia, sino de esos que perdonan vidas) y donde se hable de drogas, no necesitas drogarte para sentir las letras, te da igual, eres así, rebelde.

Arriba he descrito la actitud de un buen gilipollas, y seguramente, también he descrito la actitud del hombre que te quitó a la chica que tanto querías antes, ahora y probablemente, el que no te la quite mañana (Nos han vendido el argumento de que una vez que crecemos más, las mujeres se olvidan de ellos para centrarse en los normalillos).


Qué simpática era ella, menuda sonrisa de no haber roto un plato en su vida. Pensabas que era más virgen que la virgen maría, que como mucho, se la había pinchado ya alguna paloma... pero qué inocente eras tú, y no ella. Una gorra más grande que su dignidad, una mirada de Tony Montana y poco más y unos andares dignos del cojo del pueblo. Éso era lo que se interponía entre tú y ella, una puta gorra, y lo que iba debajo. 

Los malotes ligan más a ciertas edades, y no hace falta que una universidad lo diga en un estudio. La actitud hace milagro, mientras ellos se quedaban con la chica buena, tú te quedabas con tus amigos diciéndoles que "tds pts, y la que diga que no, ptsima". Lo bonito de la historia llegaba en la predecible ruptura, cuando estabas ya preparando el hacha de pagafantas, y es que sólo hay algo mejor que perder una vez, y es perder dos.


Volvías a ser el hombre normal y corriente, ni siquiera un buenazo, no te daba para ser el guay, pero tampoco eras el amigo del señor, te conformabas. Entrabas en la lista del hombre mediocre, común y corriente, pero pensabas que ella vería algo... macho, ni siquiera habías espabilado de antes. Una norma muy común es que cuando se va un malote... aparece otro.

Podrás hacer dos cosas, esperar a que lleguen los 25 y que ella se haya olvidado de las gorras, las cadenas, el rap basura y los porros, fumar para quedar bien etc, y busque al amigo pagafantas que fue incapaz de ligársela en 10 años, o anticiparte, ponerte la mejor de tus gorras mierder, y esperar que alguna menor inocente piense que eres el nuevo Soprano, con mirada perdida y violenta y conduciendo con la pose de Ryan Gosling en Drive, como si a salvar el mundo fueras, aunque estés esperando en un paso de cebra a que pase alguien. (Nota, los malotes no esperan en un paso de cebra, eso es para el resto de mortales).

Si aun no te he convencido para que seas malote, deberías pensar que te equivocaste de mujer, que lo mejor será que quedes con tus amigos, digas que "tds pts" y te olvides por un rato de ella, será lo correcto. Quizás algún día escapes de tu pueblo o de tu barrio, y descubras que fuera hay un mundo donde no todo es así, donde aparentar ser Tupac no te convertirá en una persona interesante, sino que todo dependerá de ti. En el club de los mediocres, no todos están solteros, hasta cuentan las leyendas, que en el club, hemos ligado. 

viernes, 18 de abril de 2014

"Un pequeño héroe"

Llevaba tiempo queriendo compartir una charla que mantuve con un boxeador. Pensé que merecía la pena escribir sobre ello, pero considero que su historia merece quedar en el anonimato, sin fotos y sin nombres, como una simple historia que circula por ahí. Grabada en mi móvil, como una posible entrevista, quedó en una simple grabación en la que una persona me enseñó lo que es vivir.

+ Supongo que cuando tienes una familia que mantener, te planteas dejar el ring, ¿no?
- Supones bien, pero el día de mañana me gustaría mirar a mi hijo y que él vea en su padre a un guerrero que se dejó la cara por darle un futuro mejor. Quisiera ver crecer a mi hijo, jugar con él, acompañarle a la escuela y ayudarle con los deberes, pero me levanto a las 6 de la mañana, voy a trabajar, salgo a la hora de comer y tras estar un rato en casa, voy a entrenar. La vida no me deja más espacios. 

+ ¿Condiciona ser padre a la hora de subir a pelear?
- Piensas que quizás no lo vuelvas a ver, que no vuelvas a bajar. Sólo quiero lo mejor para él, lo que yo nunca tuve. Nunca tuve un padre encima de mi, creo que nunca tuve un padre. Trabajaba para traer dinero a casa, pero nunca miraba lo que había dentro de ésta. No quiero éso para mi hijo, dedico todo mi tiempo libre a él y a mi mujer. Hace 5 años ni me planteaba la opción de ser padre, me centraba únicamente en el ring, no quería mirar a otro lado, pero todo cambió, y no lo lamento. Hoy soy el padre de una bonita criatura que adora pintar y dibuja todo lo que ve. Espero que nunca tenga que subir a pelear para mantener a su familia, le deseo todo lo mejor en esta vida, seré yo el que se deje las costillas aquí.

+ ¿Si tu hijo decide ser boxeador el día de mañana?
- No es algo que tú decidas, lo llevas en la sangre. Si mi hijo quiere boxear, su padre estará orgulloso de él, y lo apoyaré. Boxear no es ningún delito, al contrario de lo que muchos piensan, boxear me sacó de una infancia difícil. Conocí reformatorios y frecuenté malas compañías, pasé por algún psicólogo que fue incapaz de darse cuenta de que lo único que necesitaba, eran dos guantes y un saco. Si mi hijo boxea, no será para ser el más chulo de su clase, ni para ir a ligar a las discotecas, si boxea será para aprender valores fundamentales como el respeto, un valor que se ha perdido en estos años. No espero que sea un boxeador, ni nada por el estilo, simplemente deseo que mi hijo el día de mañana, sea feliz, y esté orgulloso de lo que su padre tuvo que hacer por su bienestar.



Como os digo, son respuestas que me guardaba para mi. Los valores de un hombre que incluso a mi mismo me llegaron a marcar. Ni él ni yo pudimos disfrutar de un padre como tal, ninguna de nuestras familias saldría en una revista sentados en un salón señorial con unos muebles más viejos que nuestras abuelas, pero no hace falta éso para ser, el día de mañana, un gran padre. Él lo es, y es que tuve el placer de conocer a su hijo momentos después, en una de sus peleas. Al terminar el combate, el chaval fue a abrazar corriendo a su padre, a celebrar la victoria. Tan joven y tan inocente, ya sabía que su padre era un héroe, y eso es algo imborrable, la sonrisa de un pequeño diablo en el que por un momento yo mismo me veía reflejado cuando mi padre venía a las 5 de la mañana de trabajar. 

Os recomiendo escuchar de vez en cuando, las historias que la gente nos quiera contar. Si algo agradezco de mi trabajo es poder sentarme a echar una cerveza con una persona aparentemente normal, que no llama la atención por la calle, y que tras esa apariencia de boxeador esconde un alma tan llena de vida que hasta yo mismo envidio. Por tantos héroes para tantos niños que aun desconocen el amor que sus padres les tienen, y por otros tantos que vendrán. Un padre es un tesoro, algún día perderemos una parte de él, pero otra siempre volará con nosotros, cuidad del vuestro.

sábado, 12 de abril de 2014

¿Dónde está mi cámara?

Era la una de la mañana por Manchester, algo así como las séis de la madrugada por aquí, ni un alma por las calles, ni un bar abierto y yo sin cenar. Encontré de milagro una especie de badulaque de Apu, gestionado por un hombre bastante parecido a él y que vendía sino la misma mierda, peor. Los Sandwiches con peor pinta que habré visto en mi vida, ésos que no te comerías ni pasando hambre. En otra nevera bastante grande, 30000 tipos distintos de refrescos y mierdas, cuando aquí vas sobrado con la Coca Cola, la Fanta y ese mítico Red Bull sin azucar que ni el mayor de los metrosexuales se atreve a tomar.

Creo que compré lo más "normal" que vi por ahí, dos refrescos y un par de cervezas que desde luego, malas, no estaban. En la tienda había tres personas más que venían de fiesta, tres mujeres (lo de mujeres lo dejamos en duda, mejor dicho niñas) de unos ¿16? años con unos vestidos bastante simpáticos, se pararon a preguntarme por la acreditación de la muñeca, y es que ir en manga corta por una ciudad donde el sol no existe y llueve, es un éxito. Tras intentar explicarles que venía del combate, una de ellas se sacó del bolso una pulserita de ahí, y triste, me decía que ver perder a Hatton era "lo peor que había visto en años". No sé si me enamoré más de ella o de lo que decía, pero, ¿una chica a la que le guste el boxeo? Da igual cuantos años tuviese en aquel momento ella, que yo llegaba ya a los 19, y por lo tanto, ella tenía los suficientes.


Me quedé con su Facebook y una promesa, "Si vuelvo, hablamos". Siguiendo con mi camino hacia el hostal, donde me quedaban unas 2 horas de escribir, seguía buscando donde cojones tenía que ir, entre calles que olían a mierda, como todo Manchester, y gente incapaz de decirme donde estaba el centro. Al final opté por lo más simple, volver donde las chicas y preguntar cómo iba a mi hostal. Tras decirme que esa zona era "peligrosa", me acompañaron, mientras les intentaba enseñar un poco de español. "Yo estuve en Tenerife", decía una, y yo sin saber explicarle que aquella isla alejada de nuestra mano, es simplemente, parte de Cuba. 

Me abrió la puerta una de las tres chicas de recepción. En ese hostal trabajan estudiantes, en especial estudiantes de otros países. Me preguntó por el combate, y también el motivo por el cual no llevé un simple paraguas. Fui incapaz de decirle que planificar un viaje es de mediocres, y que un riojano va a cualquier lugar con una camiseta y un pantalón, y luego ya se verá. Nos quedamos hablando de la ciudad, y lo que nos llevó a estar allí esa noche, en mi caso trabajo, en su caso, estudios. No os voy a engañar, el papel de chico interesante no funcionó con ella, era demasiado inteligente, me recordó a cuando intentaba correr hacia el potro, sabiendo que la hostia podía ser muy buena. Hizo un té, con leche (si está malo sin más, imaginad con leche que viene en unos "dados" de plástico) y tuve el valor de decirle, que era lo peor que había probado en Inglaterra, y que éso era mucho suponer ya, tras el peor kebab que vi en mi vida, donde, tras explicarle al hombre que "sólo lo quería de carne" me plantó un tupper con carne, unas patatas, y una salsa que haría llorar al mejor de los asesinos a sueldo de Serbia.

Me debieron de dar las 6 de la madrugada escribiendo, así que procuré hacer bien la maleta, sin apenas sueño, para irme al aeropuerto. El avión salía a éso de las 11, pero no sabía si eran las 11 de aquí o de allí, así que por asegurar, quise plantarme a las 8 en el aeropuerto. Tras un cacheo donde el hombre de seguridad descubrió que lo más peligroso que llevaba era una lata de Mountain Drew (No sé si se escribe así, y respeto que los aficionados a la vida sana digan que eso es veneno, pero me bebería uno de esos cada minuto de mi vida), pasé a una terminal en la que esperé unas cuantas horas.

En todo este trayecto, perdí una cámara de fotos bastante simplona, pero mía, y quizás perdí algo más, a saber. No sé donde acabó la cámara, y es que en el hostal nunca apareció. Algo grabé con ella, lo recuerdo, y éso no hay nadie que me lo pueda quitar de la mente. Aquel día no pude ligarme ni a una inglesa ni a una española, comí lo peor que había comido en bastante tiempo, perdí mi cámara y tuve que aguantar más de 12 horas de viajes entre aviones, taxis y trenes... y tonto que debo ser, lo repetiría mañana mismo.