Ahí te quedas, te haces tu sitio en tu cuarto y con cara de imbécil dejas pasar las horas muertas. Agachas la cabeza y te repites una y otra vez lo mismo, te haces preguntas cuya respuesta no quieres escuchar. Decides que, por un momento, la solución a tus problemas es solucionarlos de la manera más egoísta que existe.
El egoísmo daña a terceras personas que como me sucedió, se ven afectadas por algo que de por sí, ya les suponía un problema, y que gracias a otra persona se convierte en algo aun peor. Hablo de ese momento en el que de golpe pasas de estar con tus seres queridos a estar solo, siendo un triste niño que apenas sabe cuatro cosas para mantener un hogar en pie. Ese momento en el que despiertas y en menos de 24 horas en lo único que te pareces al chico de ayer es en que tienes la misma cara, poco más.
Te ves sólo, las responsabilidades se te acumulan y aun ni siquiera estás listo para comenzar una carrera que dura hasta el día en el que no quede nada de ti. Hoy hace dos años yo sentí esta sensación, llegué a casa y ahí ya no había nadie. Esa persona tiene su vida, una vida en la que muchas veces parece, yo no tenga lugar, como creo, esa persona no lo tiene en la mía. Escuché muchas veces aquello de que la familia es lo más importante, pero nunca quisieron escuchar mi versión. No tuve suerte de niño, no la necesité ahora, uno creció rápido y se tuvo ganar la vida, ya es tarde para cambiar.
Agachar la cabeza es una decepción, pero no hacia otras personas, sino hacia ti. Aprendí que a pocas, muy pocas personas debes querer, por muy cercanas que sean o por llevar la misma sangre, ni tan siquiera ese puede ser un motivo. La primera persona a la que debes querer eres tú, y ya llegarán el resto. Los amigos son un tesoro, todos tenemos muchos, y a unos pocos los considero familia, pero no aquella que te viene impuesta, sino aquella con la que he crecido, con la que yo me siento identificado de verdad.
Nadie nació para escuchar tus problemas, es por eso que de vez en cuando no está mal tragar con ellos, pero nunca apartarlos y esconderse en un rincón, cuando hay problemas uno pone su cara y avanza hacia él. Todos hemos sido débiles en algún momento de nuestras vidas, todos necesitamos ese empujón para dejar de ser un niño. Aquel empujón que pensábamos, era otra piedra más que nos ponían en nuestro saco, ese saco que ya no podía cargar más y que ahora, aguanta lo que le tiren.
Te encontrarás miles de problemas, más tarde o más temprano, algunos empezamos demasiado jóvenes y otros aun no han probado lo que es tragar, pero tarde o temprano llega. Lo importante es dar la cara, quizá te la partan, pero qué amor demostrarías si te apartas a la primera, y piensa por un momento, en el daño que harías a aquellas personas que te quieren, que serán pocas, pero ahí están. "No se sale adelante celebrando las victorias, sino superando las derrotas".