Era la una de la mañana por Manchester, algo así como las séis de la madrugada por aquí, ni un alma por las calles, ni un bar abierto y yo sin cenar. Encontré de milagro una especie de badulaque de Apu, gestionado por un hombre bastante parecido a él y que vendía sino la misma mierda, peor. Los Sandwiches con peor pinta que habré visto en mi vida, ésos que no te comerías ni pasando hambre. En otra nevera bastante grande, 30000 tipos distintos de refrescos y mierdas, cuando aquí vas sobrado con la Coca Cola, la Fanta y ese mítico Red Bull sin azucar que ni el mayor de los metrosexuales se atreve a tomar.
Creo que compré lo más "normal" que vi por ahí, dos refrescos y un par de cervezas que desde luego, malas, no estaban. En la tienda había tres personas más que venían de fiesta, tres mujeres (lo de mujeres lo dejamos en duda, mejor dicho niñas) de unos ¿16? años con unos vestidos bastante simpáticos, se pararon a preguntarme por la acreditación de la muñeca, y es que ir en manga corta por una ciudad donde el sol no existe y llueve, es un éxito. Tras intentar explicarles que venía del combate, una de ellas se sacó del bolso una pulserita de ahí, y triste, me decía que ver perder a Hatton era "lo peor que había visto en años". No sé si me enamoré más de ella o de lo que decía, pero, ¿una chica a la que le guste el boxeo? Da igual cuantos años tuviese en aquel momento ella, que yo llegaba ya a los 19, y por lo tanto, ella tenía los suficientes.
Me quedé con su Facebook y una promesa, "Si vuelvo, hablamos". Siguiendo con mi camino hacia el hostal, donde me quedaban unas 2 horas de escribir, seguía buscando donde cojones tenía que ir, entre calles que olían a mierda, como todo Manchester, y gente incapaz de decirme donde estaba el centro. Al final opté por lo más simple, volver donde las chicas y preguntar cómo iba a mi hostal. Tras decirme que esa zona era "peligrosa", me acompañaron, mientras les intentaba enseñar un poco de español. "Yo estuve en Tenerife", decía una, y yo sin saber explicarle que aquella isla alejada de nuestra mano, es simplemente, parte de Cuba.
Me abrió la puerta una de las tres chicas de recepción. En ese hostal trabajan estudiantes, en especial estudiantes de otros países. Me preguntó por el combate, y también el motivo por el cual no llevé un simple paraguas. Fui incapaz de decirle que planificar un viaje es de mediocres, y que un riojano va a cualquier lugar con una camiseta y un pantalón, y luego ya se verá. Nos quedamos hablando de la ciudad, y lo que nos llevó a estar allí esa noche, en mi caso trabajo, en su caso, estudios. No os voy a engañar, el papel de chico interesante no funcionó con ella, era demasiado inteligente, me recordó a cuando intentaba correr hacia el potro, sabiendo que la hostia podía ser muy buena. Hizo un té, con leche (si está malo sin más, imaginad con leche que viene en unos "dados" de plástico) y tuve el valor de decirle, que era lo peor que había probado en Inglaterra, y que éso era mucho suponer ya, tras el peor kebab que vi en mi vida, donde, tras explicarle al hombre que "sólo lo quería de carne" me plantó un tupper con carne, unas patatas, y una salsa que haría llorar al mejor de los asesinos a sueldo de Serbia.
Me debieron de dar las 6 de la madrugada escribiendo, así que procuré hacer bien la maleta, sin apenas sueño, para irme al aeropuerto. El avión salía a éso de las 11, pero no sabía si eran las 11 de aquí o de allí, así que por asegurar, quise plantarme a las 8 en el aeropuerto. Tras un cacheo donde el hombre de seguridad descubrió que lo más peligroso que llevaba era una lata de Mountain Drew (No sé si se escribe así, y respeto que los aficionados a la vida sana digan que eso es veneno, pero me bebería uno de esos cada minuto de mi vida), pasé a una terminal en la que esperé unas cuantas horas.
En todo este trayecto, perdí una cámara de fotos bastante simplona, pero mía, y quizás perdí algo más, a saber. No sé donde acabó la cámara, y es que en el hostal nunca apareció. Algo grabé con ella, lo recuerdo, y éso no hay nadie que me lo pueda quitar de la mente. Aquel día no pude ligarme ni a una inglesa ni a una española, comí lo peor que había comido en bastante tiempo, perdí mi cámara y tuve que aguantar más de 12 horas de viajes entre aviones, taxis y trenes... y tonto que debo ser, lo repetiría mañana mismo.
En todo este trayecto, perdí una cámara de fotos bastante simplona, pero mía, y quizás perdí algo más, a saber. No sé donde acabó la cámara, y es que en el hostal nunca apareció. Algo grabé con ella, lo recuerdo, y éso no hay nadie que me lo pueda quitar de la mente. Aquel día no pude ligarme ni a una inglesa ni a una española, comí lo peor que había comido en bastante tiempo, perdí mi cámara y tuve que aguantar más de 12 horas de viajes entre aviones, taxis y trenes... y tonto que debo ser, lo repetiría mañana mismo.
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