Llevaba tiempo queriendo compartir una charla que mantuve con un boxeador. Pensé que merecía la pena escribir sobre ello, pero considero que su historia merece quedar en el anonimato, sin fotos y sin nombres, como una simple historia que circula por ahí. Grabada en mi móvil, como una posible entrevista, quedó en una simple grabación en la que una persona me enseñó lo que es vivir.
+ Supongo que cuando tienes una familia que mantener, te planteas dejar el ring, ¿no?
- Supones bien, pero el día de mañana me gustaría mirar a mi hijo y que él vea en su padre a un guerrero que se dejó la cara por darle un futuro mejor. Quisiera ver crecer a mi hijo, jugar con él, acompañarle a la escuela y ayudarle con los deberes, pero me levanto a las 6 de la mañana, voy a trabajar, salgo a la hora de comer y tras estar un rato en casa, voy a entrenar. La vida no me deja más espacios.
+ ¿Condiciona ser padre a la hora de subir a pelear?
- Piensas que quizás no lo vuelvas a ver, que no vuelvas a bajar. Sólo quiero lo mejor para él, lo que yo nunca tuve. Nunca tuve un padre encima de mi, creo que nunca tuve un padre. Trabajaba para traer dinero a casa, pero nunca miraba lo que había dentro de ésta. No quiero éso para mi hijo, dedico todo mi tiempo libre a él y a mi mujer. Hace 5 años ni me planteaba la opción de ser padre, me centraba únicamente en el ring, no quería mirar a otro lado, pero todo cambió, y no lo lamento. Hoy soy el padre de una bonita criatura que adora pintar y dibuja todo lo que ve. Espero que nunca tenga que subir a pelear para mantener a su familia, le deseo todo lo mejor en esta vida, seré yo el que se deje las costillas aquí.
+ ¿Si tu hijo decide ser boxeador el día de mañana?
- No es algo que tú decidas, lo llevas en la sangre. Si mi hijo quiere boxear, su padre estará orgulloso de él, y lo apoyaré. Boxear no es ningún delito, al contrario de lo que muchos piensan, boxear me sacó de una infancia difícil. Conocí reformatorios y frecuenté malas compañías, pasé por algún psicólogo que fue incapaz de darse cuenta de que lo único que necesitaba, eran dos guantes y un saco. Si mi hijo boxea, no será para ser el más chulo de su clase, ni para ir a ligar a las discotecas, si boxea será para aprender valores fundamentales como el respeto, un valor que se ha perdido en estos años. No espero que sea un boxeador, ni nada por el estilo, simplemente deseo que mi hijo el día de mañana, sea feliz, y esté orgulloso de lo que su padre tuvo que hacer por su bienestar.
Como os digo, son respuestas que me guardaba para mi. Los valores de un hombre que incluso a mi mismo me llegaron a marcar. Ni él ni yo pudimos disfrutar de un padre como tal, ninguna de nuestras familias saldría en una revista sentados en un salón señorial con unos muebles más viejos que nuestras abuelas, pero no hace falta éso para ser, el día de mañana, un gran padre. Él lo es, y es que tuve el placer de conocer a su hijo momentos después, en una de sus peleas. Al terminar el combate, el chaval fue a abrazar corriendo a su padre, a celebrar la victoria. Tan joven y tan inocente, ya sabía que su padre era un héroe, y eso es algo imborrable, la sonrisa de un pequeño diablo en el que por un momento yo mismo me veía reflejado cuando mi padre venía a las 5 de la mañana de trabajar.
Os recomiendo escuchar de vez en cuando, las historias que la gente nos quiera contar. Si algo agradezco de mi trabajo es poder sentarme a echar una cerveza con una persona aparentemente normal, que no llama la atención por la calle, y que tras esa apariencia de boxeador esconde un alma tan llena de vida que hasta yo mismo envidio. Por tantos héroes para tantos niños que aun desconocen el amor que sus padres les tienen, y por otros tantos que vendrán. Un padre es un tesoro, algún día perderemos una parte de él, pero otra siempre volará con nosotros, cuidad del vuestro.
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