El último superviviente es todo un montaje. Aquello de beberse su propio meado y tal, como que no cuela. El auténtico superviviente, el que somos nosotros, los hombres de la clase media-baja intelectual, es el que verdaderamente merece un programa. Anteriormente conté lo fácil que era ser feliz por Inglaterra o Alemania con poco y menos, con nuestra mejor cara de alegría.
El escenario esta vez es muy diferente. Ahí íbamos a trabajar, y si acaso, a tomarnos unas copìllas, intentar la heroica de ligar con nuestra futura mujer extranjera o pagar unas fantillas, y si acaso, golfear un poco y cumplir un sueño que nos guía a todos los hombres, visitar el estadio de fútbol de la ciudad en pleno partido. En este caso, junto con 5 amigos más, nos enfrentamos al gran desafío de un festival, el Viñarock.
Yo no iba por la música, a mi el punk... poquito. Tampoco iba por las mujeres, y es que ya conocéis la fama de galanes que tenemos los riojanos, ligamos donde queremos (nunca queremos). Desconectar del mundo, unos días sin teléfono y sin saber nada de lo de fuera, algún grupo competente y el regreso de Doble V, motivos suficientes. Lo de juntarse con 5 amigos más para vivir bien, pues también.
Autobús
Os diré lo que todo buen mediocre debe llevar a un festival, aunque os diga el del autobús de la organización que "todo éso no se puede meter", tendréis que ponerle vuestra mejor cara de "sé lo que hago", la que le pones a cualquier mujer antes del tema. 144 cervezas, 15 litros de vino, alcohol para emborrachar a media Rusia y comida (comida de mala calidad, magdalenas, bizcochos duros, pan bimbo, salchichón y chorizo hacendado... rico, eh) y papel higiénico (algún valiente dirá que no hace falta, cuidado valiente). Al final, todo entrará en el autobús, y es que, mientras tus compañeros de viaje han metido tiendas de campaña o sillas ahí, tú te has plantado con tus amigos con el kit del botellón de la santa trinidad de los borrachos, un toldo del Decathlon más malo que Oleguer y ... bueno, mil cosas más.
Llegada al camping
Llegar a montar la tienda es complicado, y más cuando no tienes ni idea. Dedícate a organizar el alcohol y beberte tu primera cerveza caliente. Aunque seas un pijo como yo para la cerveza, no te apures, será lo mejor que beberás ese día, donde el sol te está pegando a 30º grados, y tú sin montar el toldo, y es que tras dos horas intentándolo, no has podido. Tras ver como os habéis quemado en 2 tristes horas, decidís volver a intentarlo, y gracias a vuestros vecinos... funcionó.
No os aburriré con mucho más, ya sabéis comenzar y tal, ¿Qué viene ahora? Los vecinos. Para mi fortuna, los nuestros fueron inmejorables. Gente de Alicante o Valencia con los que compartimos toldo, cervezas, algunas cosas más pero sobretodo, horas y horas de risas y buen ambiente.
Orgullo, haters y ligar
Los golfos queríamos llegar aquí eh. Te plantas con tus mejores intenciones en la cola para ir al baño, delante de ti hay una chica que podría firmar perfectamente el libro "La mujer perfecta para Dani Martín". Te pones a hablar con ella, sacas el manual del graciosete y ves como se derrite en tus manos, "Ojo, estamos pillando" te dices por dentro, pero en el fondo sabes que ella ha ido ahí a lo mismo que tú, a cagar (descomer).
El amor se rompe en el mismo momento en el que ella sale del baño pálida y vas a entrar tú, le haces una broma, "A ver qué me has dejado ahí". El problema es cuando entras y... ves lo que te ha dejado ahí. La princesilla te ha puesto un titanic que dudas, vaya a hundirse. Sales y te diriges a una viña donde esperas nunca beber ese vino, y es que en una de sus cepas, le has dejado un buen pino (Esta poesía no la firma Becquer).
Poco después te pararás a hablar con más gente sobre cualquier chorrada, hasta que... tachán. Morena, 1'60, ojos negros y una carita de amor que me tumbaba el alma. Quise mirar más abajo cuando vi todo lo que me genera pesadillas los martes por la noche, una camiseta de Extremoduro. El orgullo puede más que todo, nos plantamos, el Viñarock quizás no sea para nosotros.
Al final, se puede ligar, da igual que seas como seas, dependerá de ti. Quizás la conozcas mientras vas a sembrar el campo, mientras te tambaleas en algún concierto o esperas a entrar en uno, quizás la veas pisándote las cuerdas de la tienda de campaña o simplemente, liándose con algún tío o de la mano con su novio, pero pensad una cosa, ni conocéis a su novio, ni queréis ser su amigo, las guerras tienen que ser intensas.
La música
Si queréis música, Spotify tiene hasta a Chimo Bayo. La música es lo más importante que tenemos cada día, y sin ser yo fan de muchos grupos de por ahí, disfruté. Disfruté con La Pegatina, Bongo Botrako... y casi se me caen las lagrimillas con Violadores del Verso. Disfrutad de lo que hay, poco más se puede decir.
En resumen...
Lo dicho. Disfrutad del viaje. En mi caso, 7 horas de autobús, y olvidaros de que fuera existe un mundo, sed felices unos días que falta nos hace a todos. Siento que haya sido tan extenso, he omitido muchas cosas que se deben quedar ahí, si habéis llegado aquí, os dejo un precioso poema festivalero.
"A plantar un pino iba
Sin saber que podía encontrarme
Cuando a tu baño entré, veía un barco a la deriva
al salir te dije algo, pero te faltó vomitarme.
Te puse mi mejor cara de amor
Al decirte que menuda mierda habías cagado
Lo del tema del olor
te lo podías haber ahorrado.
A la viña tuve que ir, a depositar mi alma
Pobre vino de Villarobledo, mancillado ha quedado
después de haber soltado
lo mejor de mi interior."
Espero que este verso os guíe para embarcaros en el próximo Viñarock, y es que yo al menos, repito encantado.