domingo, 9 de febrero de 2014

Flores de plástico

Durante toda nuestra vida las veremos, e incluso en algunos momentos nosotros mismos lo seremos. Cada día nos cruzamos con muchas de ellas, tan bonitas y tan arregladas, aparentan color y vida, cada día incluso parecen más bonitas y tú te preguntas cómo lo harán, cual es su secreto para relucir siempre que sale el sol.

La explicación es muy simple, plástico. Aquello que reluce siempre, pero por dentro no deja lugar a la vida, es simplemente un objeto que hace bonito, pero que nada tiene dentro, y que nada vale, más que unos tristes euros. La apariencia de color y vida se ve expuesta cuando descubres que esas cualidades que tanto te gustaron no son más que algo que todo el mundo puede tener, pero que no deja de ser una película, una imagen falsa.

La apariencia muestra al mundo lo que queremos ser, pero nunca jamás lo que somos. Personas que visten igual, hablan o actúan de la misma manera. Todos son iguales, como esas flores que te querrá vender el moro de turno en un bar de tu pueblo diciéndote que igual así, te pinchas a tu amiga. Qué sorpresa te llevas cuando aquella persona que relucía más que tu coche recién lavado resultaba ser la tormenta que te lo iba a llenar de mierda 20 minutos después.

El mundo está lleno de estas flores, y qué bonito es encontrarte con alguna que pincha, que no es la más bonita ni necesita serlo, que es tan diferente al resto que te quedarías con ella para siempre por éso. El problema es que, muchas veces, nos quedamos con alguna florecilla que ha caído en nuestras manos, pensando que por muy hueca que sea esa flor, lo de fuera brilla. 

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