Y ya está, no lo tenemos. Lo que vas a leer ahora son quejas y más quejas de una persona a las 7 de la mañana de un miércoles cualquiera, hasta el puto día miércoles es un fracaso, ¿quién querría ser un miércoles?
Pues eso, dejando de lado que los miércoles son los feos en la fiesta de fin de curso yankee con animadoras y capitanes del equipo, donde la virginidad se pierde en un talentoso polvo de 30 segundos y un "¿te ha gustado?" sensacional, a sabiendas de que la respuesta que escucharás no la querrás oír o no será verdad, he venido aquí para hablar de... nosotros.
Cuando lees nosotros debes pensar que esto lo he escrito pensando en ti, ¿en quién más voy a pensar, en Wisin y Yandel? ni siquiera sé quién es quién. Pues eso, seguro que tu has tenido hace poco algún día cruzado de esos en los que el despertador no suena, o eso has dicho a tus amigos cuando te han preguntado el motivo de levantarte a la una del mediodía. Quizás se te ha olvidado ir a comprar puesto que estabas ocupado fingiendo que el mundo te importaba, pero en realidad estabas en Spotify con tu sesión privada escuchando algún temita de Auryn, Romeo Santos y viendo el facebook de tu amada por si ha roto ya con su novio, "todavía no" te has dicho, sigue con eso.
A tus amigos, ¿qué les dices cuando tienes un mal día? ... absolutamente nada, ¿para qué?, con ellos hay una clave, meterte con alguno en el grupo de WhatsApp que tenéis (da igual cual de los seis o siete que tengáis con los mismos) y con algún defecto bastante obvio. Si os queréis meter conmigo esta semana os aviso que sigo llevando la barba (arreglada, por supuesto) de musulmán radical capaz de volarte una iglesia con dos pilas y un lapiz. ¿A quién le dices entonces que tienes un mal día?, pues a nadie macho, a nadie. Esa cena que te vas a marcar con una tortilla de patata precocinada ya dice mucho de la clase de día y de vida que llevas, tan triste como ese cagarro envasado que rompería la magia de las navidades incluso, con su música típica incluida.
Pero por suerte ese día ya ha terminado. Hoy comienza uno nuevo en el que esperas que todo salga bien. Veamos que tenemos para hoy, 80 mensajes en WhatsApp, un par de insultos en twitter, comentarios en Facebook a cosas que no sabes qué son, una nevera con peor pinta que tú en novatadas y... el desayuno especial, esa tostada que tu tostador transporta al pasado para devolvértela tres minutos después más negra que tu futuro. En lo que pones buena cara comiendo semejante mierda, miras el calendario chulo que te has marcado en la cocina para que tu madre, al venir a verte, sepa que sigues las costumbres. "Llamar a Jazztel" pone, sensacional. No sabes quién te esperará al otro lado de la linea, pero de 'Walter' o 'Santa Cruz' no va a bajar, así que lo pasas a otro día, que se encargue tu yo del futuro, que para algo te vas a mantener hoy con vida.
El resto del día no es muy emocionante, trabajas o estudias, lees cuatro cosillas, sales a echar un café con la gente que encuentres o simplemente a recordar a tu camarero favorito que sigues vivo. Dejas pasar la tarde con cualquier historia, pagando unas fantillas y fingiendo que aquello que te van a contar te importa más aun que la desaparición de los putos Colajet en los bares, joder, que yo quiero uno. Llamas a tu familia para que comprueben que sigues vivo, lo estás, muy vivo además, "un día normal mamá, ya sabes", sí sí, esa madre que te dice "ayer te leí hablar del boxeo, ay hijo, a ver si pasas ya a comer que voy a poner los san jacobos como a ti te gustan", y ya está, vas corriendo con un tupper a mitad de la tarde a casa de tu madre.
Por la noche todo empieza a terminar, te sueltas con Spotify y te marcas una sesión privada que dejaría en ridículo al mayor de los pagafantas jamás vistos. Te has puesto "You Can't Always Get What You Want" de los Rolling, esa canción que te hace parecer duro pero con corazón, pero no amigo, aquí ya sabemos lo que eres y lo compartimos. Te mentalizas para lo que viene, ese momento en el que el móvil dejará de sonar avisándote de que tendrás que leer el WhatsApp, instante que aprovecharás para pasarte por el perfil (esto del amor 2.0 es lo que tiene) de la amada mujer, a ver qué tal le ha ido el día, apretando las manos esperando a que todo le vaya tan mal que acabe por contártelo a ti, y tú simplemente le digas "yo no me puedo quejar".
Y es que en verdad, no te puedes quejar (casi rima, uy). Todo te va bien, trabajas, tienes amigos que te recuerdan que estás vivo (y que te afeites), una familia que te quiere sin excesos, pero te quiere, y una chica "que ya caerá". Pero bueno, cualquiera que os diga algo por quejaros merece lo peor en esta vida, ¿qué sería de nosotros sin quejarnos cada tres minutos por algo? no os fiéis nunca de aquellas personas que os sonrían a la ligera, no son felices, son gentuza.
Os dejo por aquí la canción de la que os hablaba, por si os animáis a cambiar aquella de Romeo Santos y su propuesta indecente que tanto escucháis. Esa os vende esperanzas que no vais a poder canjear jamás. Por cierto, si en la parte del desayuno tenéis una taza de Mr Wonderful, vosotros sois la auténtica mierda.

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