miércoles, 29 de octubre de 2014

A qué huele... Madrid

A ciudad. La respuesta del título de esta entrada es simple, huele mal. Sin embargo no es ese olor el que yo quiero mostrar aquí puesto que si nos descuidamos hasta Logroño huele a eso (y no sólo a la fábrica de café que hace que todo huela a resaca).

Madrid es simple, cuando llegas a ella todo huele a grandeza, todo es más grande. Para empezar la estación de tren en la que te bajas ya tiene a más tipos trajeados que la última boda en la que estuviste, Madrid huele a Corte Inglés y Iphone.

De la estación pasamos al metro, y eso si que huele de verdad. Para los que somos de ciudades donde el metro se usa para medir una estantería, el metro de Madrid se convierte en un cara a cara con la muerte. "Macho, nos perdemos" y vaya si te pierdas. Madrid huele a desorientación y gente amable que te indica con total caballerosidad la parada que te has pasado, Madrid huele a gente rancia, por tanto.

Ya has llegado, subes las escaleras de la estación y sorpresa, acabas de conocer Madrid. A tu izquierda, un hombre de un "compro oro" cualquiera, a tu izquierda, una chica de Greenpeace que tras llamarte y ponerte ojitos se prepara para darte el sablazo, Madrid te empieza a oler mal.

Ya vas a tu primer bar en la capital de España, te han dicho y prometido que es la ciudad donde mejor tiran las cañas, y vas a lo seguro. Ese bar en el que la gente mayor se reúne en él para echarse su vinito, la experiencia todo lo puede. Al entrar ya respiras el Madrid castizo, ese que te pregunta "tú no eres de aquí" cuando le pides una caña y te saca un corto, "vaso grande muchacho" le dices con amabilidad. Madrid huele a mala cara del camarero, huele a Cruzcampo de barril y a bar al que no volverás jamás.

Has terminado de hacer tus labores, tras coger dos taxis en los que te han preguntado lo mismo que en el bar, "¿Y de dónde eres tú?". Tendrás suerte si no eres riojano, empiezo a pensar que somos los protagonistas de Los Otros (viene spoiler) y estamos muertísimos, que ya somos oficialmente Soria o Burgos, y que lo único que queda de nosotros es un par de vinos. Lo dicho, tras terminar tus labores algunos compañeros te van a proponer conocer la noche madrileña, y no vas a decir que no.

La noche madrileña es eso que te vendía Pereza con sus constantes canciones de amor por sus calles. Quizás se equivocaron de ciudad pensaste, cuando tu hostal cercano a Sol parecía sacado de una película de asesinatos en la que había muchos, muchos. Madrid ya te empieza a oler a mentiras. Joaquín Sabina también te vendió la moto, por suerte a este último no le escuchas, así que poco importa.

La noche madrileña huele a lo mismo que la de Logroño pero con (mucha) más gente. Vamos a omitir lo que pase por allí, pero es fácil que Madrid te huela a felicidad por la noche, que todo es más bonito.

Nada de lo que te contaron es verdad. Madrid huele a alguna copa de más, a llegar tarde a tu tren y suplicar en ventanilla que te lo cambien. Madrid huele a resaca en el tren. Todo esto para deciros que cada vez que puedo, vuelvo encantado, y eso sí que verdaderamente es Madrid.

En realidad no, Madrid es una mierda. Visitad La Rioja.

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